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Atención

 

La Atención Correcta

La Atención Correcta es el séptimo factor del Octuple Sendero de Buda -Comprensión Correcta, Pensamiento Correcto, Palabra Correcta, Acción Correcta, Medios de Subsistencia Correctos, Esfuerzo Correcto, Atención Correcta, Concentración Correcta. En la explicación canónica del Sendero, está definida expresamente como los cuatro «Fundamentos de la Atención» (Satipatthána). Por tanto, Atención Correcta y «fundamentos de la Atención» o Satipatthána, serán utilizados como términos intercambiables.

La Atención Correcta es la energía que nos hace regresar al momento presente. Cultivarla es cultivar el Buda que hay en nuestro interior.
Según la psicología budista la atención es universal, lo que significa que siempre estamos poniendo atención en algo. Nuestra atención puede ser la correcta, como cuando permanecemos en el momento presente, o inapropiada, como cuando estamos atentos a algo que nos impide vivir el aquí y el ahora.
La Atención Correcta lo acepta todo sin juzgar ni reaccionar. La practica consiste en encontrar la forma de alimentar la apropiada atención a lo largo del día. La atención consiste en recordar regresar al momento presente.
Amar a alguien significa alimentar a la otra persona con la atención adecuada. Cuando practicas la Atención Correcta haces que la otra persona y tu estéis presentes al mismo tiempo. “Se que estás ahí. Tu presencia es hermosa para mi”- sino lo expresas mientras estáis juntos, cuando fallezca o tenga algún accidente, solo llorarás porque antes de que el accidente sucediera no sabías como ser realmente felices juntos.
Cuando tu cuerpo, tu mente, tu habla permanecen en perfecta unión, ejercerás un efecto incluso antes de pronunciar palabra alguna.
Mediante la atención se llega a la comprensión. Ver y comprender nace de nuestro interior. Cuando somos concientes y sentimos profundamente el momento presente podemos observar y escuchar con profundidad, y los frutos son siempre la comprensión, la aceptación, el amor y el deseo de aliviar el sufrimiento y aportar alegría. La comprensión es la base del amor. Cuando comprendes a alguien no puedes evitar amarle.
Cuando practicamos la Atención Correcta, sentimos los elementos curativos y renovadores de la vida y empezamos a transformar nuestro sufrimiento y el del mundo.

Los cuatro fundamentos de la atención, Buda ofrece cuatro objetos para practicar la atención: nuestro cuerpo, nuestras sensaciones, nuestra mente y los objetos de la mente

El primer fundamento es ser conciente del cuerpo en el cuerpo. Al inspirar se que vivo en mi cuerpo, al espirar le sonrío. Al practicar de ese modo renovamos nuestro conocimiento del cuerpo y hacemos las paces con él. Debemos comenzar notando todas las posiciones y movimientos del cuerpo, permaneciendo totalmente en él, aunque lo estemos observando. Al sentarnos, levantarnos, andar o tendernos, sabemos que nos sentamos, levantamos, andamos o nos tendemos. A esta práctica se la denomina –reconocer simplemente-.
La segunda forma en que Buda nos enseñó a ser concientes del cuerpo en el cuerpo es reconociendo todas sus partes, desde la coronilla hasta la planta de los pies. A través de nuestra atención sentimos la nariz, la boca, los brazos, el corazón, los pulmones, la sangre y todo lo demás. Podemos realizar practica de escrutar nuestro cuerpo mientras meditamos sentados o mientras estamos tumbados, puede llevarnos alrededor de media hora.
El tercer método que Buda ofreció es percibir los elementos que componen al cuerpo: tierra, agua, fuego, aire. El –elemento tierra se refiere a las cosas sólidas-. Cuando vemos el elemento tierra tanto fuera como dentro de nosotros, descubrimos que en realidad no existe una frontera entre nosotros y el resto del universo. Estamos compuestos por más de un 70% de agua, entonces reconocemos el elemento agua que hay dentro de nosotros mientras meditamos. El elemento fuego es el calor tanto interno como externo a nosotros. Para que la vida exista se necesita calor. El cuarto elemento de nuestro cuerpo es el aire. La mejor manera de experimentar el elemento aire es hacer la práctica de respirar concientemente. Cuando inspiro digo.... “inspirando”, cuando espiro digo.... “espirando”. No intentamos controlar la respiración, no importa que sea corta o larga, profunda o superficial, respiramos simplemente de manera natural y dirigimos la luz de la atención hacia ella. De ese modo notamos que nuestra respiración se vuelve más lenta y profunda de forma natural. Ahora puedes probar con “profunda”...”lenta”. Más tarde descubrirás que estás más sereno y a gusto, “Inspirando me siento sereno”...”Espirando me siento a gusto”. Y después “Inspirando sonrío”...”Espirando me libero de todas mis preocupaciones y ansiedades”. La última practica es “Inspirando permanezco profundamente en el momento presente”...”Espirando se que este es un momento maravilloso”. Nada es más precioso que vivir el momento presente, siendo plenamente vivo y conciente.

Otra practica que nos ayuda a ser concientes de la respiración es contar. Mientras inspiras cuenta “uno” y al espirar nuevamente “uno”. Así hasta 10, y luego de 10 a 1. Si te distraes vuelve nuevamente a 1. Cuando logres contar sin equivocarte, podrás dejar de hacerlo y comenzar con “inspirando”...”espirando”. Respirar concientemente produce una gran alegría. Estos ejercicios han sido transmitidos por una comunidad que los ha practicado durante 2600 años.

El segundo fundamento es ser conciente de las sensaciones en las sensaciones. Las sensaciones forman parte de las 51 clases de formaciones mentales. Las sensaciones pueden ser agradables, desagradables o neutras.
Cuando tenemos una sensación agradable tendemos a aferrarnos a ella y cuando es desagradable a rechazarla. Pero en ambos casos lo más eficaz es regresar a la respiración y observar simplemente las sensaciones identificándolas en silencio: “Inspirando se que hay una sensación agradable (o desagradable) en mi”... “Espirando se que hay una sensación agradable (o desagradable) en mi”. Llamar a cada sensación por su nombre nos ayuda a identificarla y verla con profundidad. En una fracción de segundo pueden surgir muchas sensaciones.

Si nuestra respiración es ligera y serena –resultado de respirar concientemente- el cuerpo y la mente se volverán gradualmente más livianos, serenos y claros, y nuestros sentimientos también. Nuestros sentimientos son parte de nosotros, y mientras los experimentamos somos esos sentimientos. La practica de no aferrarse ni rechazar los sentimientos es una parte importante de la meditación. Si los afrontamos con cuidado, con afecto y sin violencia, podemos transformarlos en un tipo de energía sana y nutritiva. Cuando surge un sentimiento, la Atención Correcta lo identifica, reconoce simplemente lo que está allí y al mismo tiempo si es agradable, desagradable o neutro. La Atención Correcta es como una madre. Cuando el hijo es amoroso, ella lo ama, y cuando llora, también. Debemos observar con ecuanimidad todo cuanto sucede en nuestro cuerpo y en nuestra mente. No luchamos, sino que decimos –hola- a nuestro sentimiento para poder conocernos mejor el uno al otro, y la próxima vez que surja podremos saludarlo con mayor serenidad.
Cuando estamos enojados, necesitamos serenarnos: “Inspirando, sereno mi ira. Espirando cuido mi ira.” Tan pronto como una madre toma entre brazos a su bebé que llora, éste se siente ya más aliviado. Cuando abrazamos nuestra ira con la Atención Correcta, disminuye al instante nuestro sufrimiento.

Todos tenemos emociones difíciles, pero si permitimos que nos dominen nos agotaremos. Las emociones se vuelven fuertes cuando no sabemos como tratarlas. Cuando nuestros sentimientos son más fuertes que nuestra atención, sufrimos. Pero si practicamos la respiración conciente un día tras otro, la consciencia se convertirá en un hábito. No esperes a empezar a practicar cuando te sientas abrumado por un sentimiento. Quizá sea demasiado tarde.

El tercer fundamento es ser concientes de la mente en la mente. Ser concientes de la mente es percibir las formaciones mentales. Cualquier cosa que se –forma-, cualquier cosa que está hecha de algo más, es una formación. Una flor es una formación. Nuestra ira es una formación mental. Algunas formaciones mentales están presentes constantemente y se denominan –universales- (contacto, atención, sensación, percepción y volición). Otras surgen en determinadas circunstancias (afán, determinación, consciencia, concentración, sabiduría). Algunas elevan el espíritu y nos ayudan a transformar el sufrimiento (formaciones mentales sanas y beneficiosas), y otras son pesadas y nos aprisionan en nuestro sufrimiento (formaciones mentales insanas o perjudiciales). Hay formaciones mentales que en algunas ocasiones son sanas y en otras insanas, como la somnolencia, el arrepentimiento, el pensamiento inicial y el pensamiento desarrollado Cuando el cuerpo y la mente necesitan descansar, dormir es sano, pero dormir todo el tiempo puede ser insano. Cuando nuestros pensamientos nos ayudan a ver con claridad, son beneficiosos, pero si la mente está dispersa en todas direcciones, esa clase de pensamientos son perjudiciales.
Nuestra consciencia está llena de bellos aspectos como la fe, la humildad, la dignidad, la ausencia de deseo, de ira, de ignorancia, la diligencia, la tranquilidad, el interés, la ecuanimidad y la no violencia.

Las formaciones mentales básicas e insanas son la codicia, el odio, la ignorancia, el orgullo, la duda, la visión errónea. Las formaciones mentales secundarias e insanas surgen de las básicas y son la ira, la malicia, la hipocresía, la malevolencia, la envidia, el egoísmo, el engaño, la astucia, la excitación insana, el deseo de lastimar, la inmodestia, la arrogancia, la agitación, la falta de fe, la indolencia, el descuido, el olvido, la distracción o falta de atención.

Cuando surge una formación debemos practicar el hecho de reconocerla. Si estamos agitados, y no reconocemos la agitación, esta nos llevará de un lado al otro sin que sepamos lo que ocurre ni por qué. Ser concientes de lo que ocurre en nuestra mente, no implica no estar agitados, sino que cuando estamos agitados lo sabemos.
Las formaciones mentales se manifiesten o no, yacen en el almacén de nuestra consciencia en forma de semillas. A veces, alguien puede regar la semilla de la agitación, y ésta se manifiesta entonces en la mente conciente. Al reconocer una formación mental, si es sana, debemos cultivarla, si es insana, la animaremos a regresar al almacén de nuestra consciencia y permanecer allí en estado latente.

Hemos heredado las formaciones mentales de toda la sociedad y de nuestros antepasados. La consciencia individual esta formada de consciencia colectiva, y la consciencia colectiva de la consciencia individual. No pueden separarse. Al observar profundamente nuestra consciencia individual, sentimos la consciencia colectiva. Nuestras ideas de belleza, bondad y felicidad, por ejemplo, provienen de nuestra sociedad.

El cuarto fundamento es ser concientes de los fenómenos en los fenómenos (los objetos de nuestra mente). Cada una de nuestras formaciones mentales debe tener un objeto. Si estás enojado, tienes que estarlo con algo o con alguien, y a esa persona o cosa la llamamos objeto de tu mente. Hay 51 formaciones mentales, por lo tanto hay 51 clases de objetos de la mente. Al observar una vela, surge una ideo o una imagen de la vela en nuestra mente. Una percepción es un signo, una imagen en nuestra mente.

El corazón de las enseñanzas de Buda
Thich Nhat Hanh

 

  Abrazar la Ira
  Distracción
  El hoyo
  I si no pots...
  Ignoro
  Una realidad paralela